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lunes, 24 de agosto de 2009

¿Hacia una perspectiva ecléctica del Desarrollo de Liderazgo?

¿Qué hace que una persona desarrolle su liderazgo? ¿Cómo generar una cultura organizacional de liderazgo que garantice avance efectivo y armónico? ¿Qué contribución logran generar realmente los métodos formales y tradicionales en el desarrollo de liderazgo? Estas son preguntas profundas que hacen temblar a los investigadores y ponen en entredicho la multimillonaria inversión en desarrollo de liderazgo en el mundo organizacional.

Los enfoques tradicionales consideran (de una u otra forma) que para el ejercicio del liderazgo es importante la integración de elementos genéticos, experienciales e intervenciones. Sin embargo, la complejidad del eco-sistema que gravita alrededor del mundo organizacional actual (Práctico, teórico y formativo) pareciera estar re-pensando paradigmas y debatiéndose con incomodidad entre esquemas formales e informales, metodologías educativas validadas y no validadas, mezclas creativas (eclécticas y poco usuales) de tecnologías/técnicas de enseñanza para “enseñar” y/o desarrollar el liderazgo.

Algunos acercamientos modernos para el desarrollo de liderazgo incluyen: las artes como herramienta educativa, el Coaching como método no-formal de enseñanza y acompañamiento, las experiencias vivenciales extramuros cuasi-turísticas, experiencias de cocina en equipo, la indagación narrativa como herramienta comunicacional, derivaciones deportivas al liderazgo, educación a distancia e iniciativas autodidactas, redes o comunidades de aprendizaje en línea, inmersión en intercambios y proyectos globales, entre otros. Algunas preguntas a formular al respecto serian: ¿Cuál reporta genuina utilidad? ¿Cómo configurar una mezcla idónea entre elementos formales y no formales de desarrollo de liderazgo para un momento organizacional en particular? ¿El hecho de no ser validadas les quita efectividad o disminuye su capacidad para moldear a esta generación? ¿Qué otras técnicas seguirán surgiendo?

Finalmente, es interesante la puesta en práctica de esquemas de desarrollo que sean intencionales y genuinamente funcionales; siempre y cuando logren realmente producir el tipo de liderazgo idóneo que movilice gente y organizaciones a enfrentar los retos del mundo actual y en la dirección anhelada.

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